sábado, 24 de octubre de 2009

Perdidos

Cuando desperté, la luz de un día gris encandilaba mis ojos y el despertador finalmente sonó como confirmando mi sensación. Cansado de mi rutina sabía que no era un día cualquiera, algo había cambiado en mí. Fui a la cocina, el café estaba caliente listo para beber, pero sabía igual al día anterior y el anterior. Tosté dos rodajas de pan que luego lancé al cesto. Derramé el café en el lavabo y bebí leche fría directamente del sachet. Evidentemente, hoy no era un día cualquiera.
Llamé a mi psicóloga, Patricia era su nombre. Le conté que había renunciado al trabajo y que estaba deprimido. Toqué su puerta, me hizo pasar y me dijo que aguarde mientras terminaba con el otro paciente. Me senté en el sillón individual de cuero blanco, era fresco y confortable, pero algo adherente también. Tomé un revista del 2001, una típica revista de pesca. Ojeando rápidamente vi un aviso que me sorprendió, el titular decía: "¿Cansado de la rutina? Dé un respiro a su vida, venga a conocer Isla Drinil y verá como su vida cambiará". Jamás la palabra "rutina" y "respiro" habían tenido tanto significado como ese día. Sin hacer ruido me alejé y corrí sin parar. Nunca había escuchado semejante lugar pero confiaba en la agencia. La lancha colectivo partió a las doce de la noche, así que ni bien encontré un lugar apoyé mi cabeza en la ventana y dormí por horas. Había sido el mejor sueño que jamás había tenido. Descansé tan profundamente que el lanchero tuvo que samarrearme para informar que habíamos llegado. Me mostraron mi cabaña, la habitación y me dijeron los servicios que estaban incluidos. - Usted podrá bañarse, usar la cocina y las estufas sin cargo. Podrá llamar a recepción y solicitar lo que necesite sin cargo también. Tiene disponible el jacuzzi, la pileta, el gimnasio y las canchas de tenis, pero tendrá que abonar para su uso cinco pesos.Ni bien le agradecí me fui a la playa más alejada del complejo. Allí aproveché a encender mi pipa y a recostarme sobre algo semejante a arena. Por un momento pude olvidarme de todo. Pero, nuevamente sentí un vacío y sabía que algo faltaba. Sin dudar me saqué mis jeans y corrí al río, salté lo más alto que pude y me zambullí. El fondo era algo fangoso pero me regalaba una sensación de libertad, además hacía bien para la piel pensé. El Tigre era fantástico, estaba tan cerca de la Capital y lejos al mismo tiempo. Pero nuevamente un frío sentimiento invadió mi cuerpo. Saltando para escurrirme vi el monte y sabía que tenía que explorarlo, pero los mosquitos no dejaban de abusar de mí. Corrí a la proveeduría, compré un repelente y emprendí el viaje. Ya en el medio del monte los mosquitos habían cedido, en cambio fue el turno de los tábanos y jejenes que no dejaban, ni por un segundo, un área de mi piel sin picar.Para aliviar el dolor prendí mi pipa otra vez y ahí fue cuando lo vi. Estaba sobre un tronco en proceso de putrefacción, era él, un león, ¿un león? - me pregunté.-Sí - respondió. Aparentemente, era un león con mirada pérdida, un poco descuidado y triste. - Soy el rey de la selva... - ¿Selva? ¡Pero esto es el Tigre, macho!, esto es monte, hay mosquitos, humedad, pero no es selva.- No estás aquí por casualidad - susurró el sin escucharme.- ¡Pará! Lo único que falta es que aparezca un oso polar, un humo negro y un hombre con los ojos delineados. - Estás aquí para encontrar una respuesta y esa respuesta te la daré yo. Soy el rey de la selva, tengo más poder que cualquier otro aquí y un Nextel, todos me respetan. No me falta nada. La vida necesita que la vivamos y para vivirla hace falta poder, poder vivirla. No podemos estar pensando en cómo vivirla, simplemente hay que vivirla. A la siguiente pitada el león ya no estaba. No sabía si preocuparme por haber estado hablando con un león en el medio del Tigre o por estar perdido. Caminé por horas hasta que escuche que algo se movía en el suelo, entre las hojas. Parece algo pequeño- dije.- ¿Pequeño? Pequeño lo que te cuelga.- ¡Eh! Pará que no es tan pequeño.- Todas son pequeñas - retrucó.- No, no todas, yo conocí a un buen hombre llamado Federico Gran Hageens que aseguraba que en estado flácido alcanzaba una longitud de 16 cm. - Y yo conocí a uno que en estado flácido medía 17 cm. Todas son pequeñas, siempre habrá quien la tenga más grande.Su reflexión me sorprendió. Era un pequeño roedor, era un ratón pensador. Era amistoso aunque fácil de ofender.- Estoy apurado, así que seré breve. Tu estás aquí por un motivo, has perdido la fe y la esperanza. Y no creas que soy un pastor ni mucho menos, pero tengo la solución a tus días grises. La vida es complicada, confusa por momento hasta sin sentido en muchos otros. Pero la vida fue dada a todos los seres del planeta para una cosa, sobrevivir. El objetivo es sobrevivir, no tener ni mucho ni poco, sino algo. Algo que nos ayude a sobrevivir. Es eso lo que nos hace feliz. El problema de quien tiene todo es que no tiene nada que buscar. De pronto el ambiente se llenó de silencio, los mosquitos habían desaparecido, me incorporé rápidamente y ya no estaba. El sol se estaba ocultando y no me quedaba mucho tiempo para volver al hotel.Comencé a caminar a un ritmo veloz hasta que la maleza no me dejó avanzar. Miré nuevamente al cielo y en una rama vi a un ave muy grande.- Es como un águila.- Soy un águila - contestó. ¿Estás perdido? Yo te guiaré hasta tu salida. Yo puedo ver más allá porque puedo volar, porque soy libre. La libertad es el anhelo de todos y no importa otra cosa que poder volar e imaginar los mundos que queramos. Y tu misión aquí es salvar al mundo.- ¿Al mundo? - Pregunté intentando evitar reírme. ¿Qué mundo voy a salvar yo?- El tuyo - contestó. Estamos en este mundo para algo. Todos tenemos una misión y un destino, sólo falta encontrarlo y es esa búsqueda constante lo que nos hace realmente feliz.Cuando levanté la vista ya no estaba, como había sucedido con los demás. Ya casi no podía ver y fue justo en ese momento cuando vi unas luces en dirección Este. Comencé a correr entre la maleza, cada vez se hacía más fácil atravesarla hasta que desapareció. Estaba nuevamente en el complejo. Estaba picado por mosquitos, jejenes, tábanos y cortado por la maleza; tenía sed, hambre y todavía estaba mojado. Encontré mi cabaña, subí los escalones y vi como un gato blanco descansaba muy tranquilo sobre la mesa de mármol. Era un gato común y silvestre. - Llegaste- ¿Vos también hablás? - Has hablando con un león, un ratón, un águila y ¿te sorprende que estés hablando con un gato? Te voy a contar un resumen de mi vida. Mi madre murió cuando yo nací, a mi padre nunca lo conocí, le encantaba andar de parranda. Viví 3 años de mi vida en la calle, luego me adoptó una hermosa familia la cual abandoné porque me daban de comer lo que se te ocurra, comidas deliciosa, pero los gatos somos sensibles y nuestros riñones se llenan de piedritas. Luego conocí a otra familia que adoro hasta el día de hoy. Te puedo decir que no es lindo vivir pensando en cómo vas a hacer para comer hoy, mañana y pasado. Tampoco es lindo tenerlo todo. Yo ya he vivido seis de mis vidas y puedo decir que lo he vivido todo. Puedo decir que no hay un camino correcto ni incorrecto, hay caminos y a veces cambian. Frecuentan ir para adelante, pero suelen detenerse también, ir hacia arriba o hacia abajo. Lo importante es siempre estar dispuesto a recorrerlos, porque ésa es la vida, un camino que no tiene vuelta atrás.
Realmente no sabía por qué todo ésto me estaba sucediendo, por qué me hablaban del significado de la vida. Yo sólo quería descansar, así que sin querer entrar en conjeturas extrañas volví a encender mi pipa hasta que al fin logré dormir.