sábado, 25 de septiembre de 2010

El sabio que ya no supo aprender

Christian César Hill es hijo de Esther Gray y Christian Hill, una pareja inglesa que escapó de Blackpool por miedo a que Hitler conquistara el mundo, incluso a Gran Bretaña.
Esther Gray fue una reconocida médica, unas de las primeras en su ciudad, se graduó en 1940, luego hizo el doctorado en la Universidad de Oxford donde conoció a Christian. Christian Hill estudió Ingeniería Nuclear, pero a causa de la teoría de Einstein y la guerra próxima, se atemorizó. Igualmente, se transformó en un Físico muy importante para el país y para el mundo. Participó en innumerables investigaciones, por ejemplo estudió los efectos físicos de bombas atómicas en rocas de níquel, como así también integró el Private Research Circle UK donde descubrió por qué los alemanes estaban interesados en el océano Atlántico y no en el Pacífico, o cuál era la causa de que los tanques alemanes eran más proclives al óxido. Ambos de familia pudienta, jamás aceptaron una sola libra de sus familias, salvo el pago de la universidad, la fiesta de casamiento y la casa donde criaron a César hasta 1945 que viajaron a Argentina. Los padres de Christian supieron aprovechar la revolución industrial. El señor Hill, abuelo de César, producía filamentos para lámparas de cristal a gran escala y en su tiempo libre observaba el cielo y tocaba la flauta. La familia de Esther, luego que ingresó a la universidad, se mudaron a Londres.
Los padres de César jamás aprendieron a hablar español y César jamás pudo volver a hablar el inglés, por lo que la comunicación nunca fue del todo buena.
César estudió tres años arquitectura, luego se inclinó por el arte, la escultura y la música. Años más tarde se inscribió en Filosofía y Letras, carrera la cual pudo concretar. César era un hombre adicto al conocimiento, leía aproximadamente un libro por día, sabía tocar la guitarra, el piano y el violín. Fue un gran pensador, según él, pero jamás fue reconocido, ni siquiera por sus padres. Luego que su madre murió comenzó a tener algunos problemas de salud. Jamás había sido atendido por un médico que no fuera su madre, por lo que le costó un testículo. Luego de orinar sangre por un día seguido tuvo que concurrir a un guardia y ser internado de urgencia. Igualmente, se acostumbró a ser examinado por otros profesionales, pero él siempre tenía el mejor diagnóstico y los estudios le daban la razón.
Al cabo de un año muere su padre en la bañadera. Los médicos dijeron que no fue por ahogamiento, sino por un infarto, a lo que él respondió:
Lo sé, fue a causa de una mala alimentación, tenía los triglecéridos y el colesterol por los cielos debido a un estress y una profunda depresión, la autopsia hablará por mí.
Señor, no realizamos autopsia en accidentes domésticos.

César sentía que no podía aprender nada de nadie, sentía que lo había leído todo. Cuando apareció la Internet fue un alivio, pero se dio cuenta que la información no era confiable y además el único fin era tener visitas. Odiaba la televisión abierta, decía que los canales pensaban en función de la publicidad, para el rating. César Hill era de esas personas que detestan lo masivo, aquellos que cuando oyen su canción preferida en la radio la dejan de escuchar para siempre. Amante de lo individual, dedicado a lo único, original e irrepetible.
El cuadro empeoró, estaba solo, cada día estaba más ansioso, sentimiento que trató de aplacar saliendo a correr a la plaza de Devoto dos veces al día. Uno de los síntomas más torturantes fue el insomnio, podía estar semanas sin dormir y consumiendo kilos de crema del cielo y limón.
Decidió contratar personas que sepan más que él, una especie de profesores particulares, maestros que lo guíen en su vida.
César era un hombre polémico, y no dejaba de discutir hasta que perdía. Él aseguraba que al ganar uno perdía mucho más, "...si uno no pierde, no aprende." Lo paradójico es que jamás perdió, por eso la sensación de estancamiento.
Puso un aviso en el diario que decía "Busco maestro que sepa más que yo. Contratación inmediata. Buena paga..."
Al día siguiente de la publicación el teléfono no paró de hacer silencio. Cuando decidió salir a correr, cuando la ansiedad ya le comía las uñas, justo en ese momento sonó el timbre, un timbre que tenía la particularidad de sonar en Re mayor, y esta vez desafinó.
Hola, ¿qué tal? Usted es...
Me llamo Ricardo, soy el profesor de música, vengo a ofrecerle mi conocimiento.
Estudio música desde los 6 años, ¿qué puede enseñarme que yo no sepa?
¿Sabe tocar la flauta?
¿La flauta? ¡Qué instrumento más ordinario y mediocre!
Si quiere puedo enseñarle el Toc-toc.
No tengo tiempo para esto.
Señor, con todo respeto, usted es un ignorante, sabrá tocar el piano, el violín, la guitarra, sabrá leer música pero desconoce el don de la sensibilidad. La flauta es un instrumento, que aunque no lo crea, tiene la virtud de hacer música y si usted tuviese un poco de este tan preciado don, ella sería capaz de dejarse tocar.

Al día siguiente un mujer tocó su puerta.
Buen día.
Buen día.
Soy Camila, una maestra de la vida.
¿Y eso?
¿Usted buscaba un maestro, no?
Sí, un maestro, no una maestra. Esto no es la escuela. Maestra de la vida, ¿qué quiere decir?
Yo podría enseñarle todo aquello que le puede ser útil en la vida.
Creo que con la edad que tengo algo de la vida sé, no le parece.
Por ejemplo podría enseñarle a no mojar la tabla, algo que a las mujeres les interesa mucho. Tal vez explicarle cómo hacer que una mujer tenga un multiorgasmo, ¿usted tiene sexo todavía?
Señorita, no sea irrespetuosa...
Relájese, no se preocupe.
Sí, de vez en cuando. A veces llamó a unas señoritas que son muy atentas.
Y algo que estoy segura que le será muy útil, podría enseñarle a trepar un muro sin ser visto.
Y para qué quiero yo trepar un muro sin que nadie me vea. ¿Para qué quiero trepar un muro?
A veces hay momento en la vida que es necesario. ¿Sabe cuántos ingenuos...
Es una estupidez lo que me cuenta, qué es, una especie de mensaje, una metáfora o qué...
Y tendría que contratarme para saberlo.

Esa misma tarde se presentó un hombre bastante mayor, era el maestro del cielo.
¿Quién es usted? ¿Un enviado de Dios?, la verdad que ya tengo una Biblia y todavía no la termine.
No, para nada, yo puedo enseñarle algo que no sabe.
A ver...
¿Usted es capaz de ver el pasado?
¿Qué clase de pregunta es esa? No, o sea, no, no se puede.
¡Sí, se puede!
Bueno, puede ver el pasado en monumentos, en escultura en pinturas, en los museos, pero es el aura lo que vemos... ¿Qué clase de planteo es este?
Vemos el pasado todo el tiempo, incluso usted, cuando mira el cielo.
Yo creo que usted es un pobre mentiroso.
Todas las noches vemos millones de estrellas que están a millones de años luz de distancia, y como la luz tarda millones de años en llegar a la tierra, podemos estar viendo un cielo que tal vez ya cambio. Quizás las Tres Marías ya no estén, tal vez el cielo tal cual lo conocemos ya no exista, y lo que estemos viendo sea el pasado en vivo.
¿Usted fumó algo?
Para nada, soy astrónomo.

Una semana después llegó Julio, el maestro de la cabeza.
¿Qué tal? Me llamó Julio, soy el maestro de la cabeza.
¿Y eso?
Digamos que soy como un psicólogo.
¿Pero es usted psicólogo?
¡Por supuesto!
¿Entonces?
¿Entonces qué?
Nada, señor. Haber dígame que se le ofrece.
¿Puedo pasar?
Pase.
Siéntese por favor.
No, estoy bien.
Bueno.
¿Qué le anda pasando?
Nada.
¿Nada?
¡Nada!
¿Qué piensa de mí?
No lo conozco.
¿Seguro?
Por supuesto. Y déjeme de preguntar una y otra vez.
Siéntese por favor.
Pero no quiero, ¡carajo!, ¿en qué idioma hablo? Es mi casa, si quiero me siento, si quiero no.
Escuche.
Escucho.
Hay algo que quiero contarle.
Pero dele.
A usted le está pasando algo.
He dicho que no.
Usted tiene un problema.
¿Por qué dice eso?
Todos los maestros con los que usted ha hablado no existen, esas supuestas personas que tanto saben, personas con las que ha discutido y aprendido según usted existen solo en su cabeza.
¡Usted está loco, salga de mi casa, por favor!
No, no estoy loco, o quizá sí, quién sabe. En todo caso si lo estoy sería difícil de explicar.
Además, se mete en mi casa así porque sí
Usted me hizo pasar.
Y me dice que estoy loco¡Déjeme solo por favor, salga! ¡Le he dicho que me deje solo, ¿en qué idioma hablo?

César Hill cayó al suelo y quebró en llanto. Cuando se incorporó Julio ya no estaba allí. Lo único que pudo decir en ese momento fue: "just wishing to be that time go back."

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Pega en el palo

¡Hola, flaco!, ¿sabés que justo pasábamos y te vimos jugar? Tenés movimientos interesantes. Algo de técnica hay, igual te falta, hay que seguir trabajando, obviamente, nadie nace sabiendo.
Che, ¿tenés ganas de jugar en Boca? ¿En la primera, digo? En la bombonera, con la gente alentando, con los fuegos artificiales Jupiter, las porristas, los papelitos, bomba de estruendo... ¿tenés ganas de mostrar tu talento? Igual gratis la cosa eh, o sea, después vemos. Tenemos que ver cómo jugás, pero quizá después de 4 o 5 meses algo te tiramos, vamos viendo. ¿Tenés ganas? ¡Sabés como se te van a pegar la minas, no!

Así se siente un creativo publicitario cuando es trainne, esa época, en donde uno es medio boludo medio cool, algo así como estar enamorado de Karina Jelinek.

jueves, 2 de septiembre de 2010