martes, 24 de agosto de 2010

Camino a casa

Ayer cuando volví del trabajo me perdí. Quizá haya sido negligencia mía, pero la encrucijada se originó por una decisión que ya no se puede cambiar.
Siempre camino hasta Corrientes, luego doblo a la derecha, hago un par de cuadras y giro a la izquierda y camino hasta Tribunales, pero ayer decidí doblar en Mitre.
Siempre tenemos un camino de todos los días, vemos a las mismas personas. Todos tenemos visto al diariero de la esquina. Todos los días vemos a las mismas personas que jamás vamos a saludar, obviamente, sino nos convertiríamos en pajueranos, provincianos o cualquier cosa que se le parezca. Ya conocemos todos los negocios, siempre nos llama la atención el viejo cartel Coca Cola o el de 7UP de los años ochenta con Fido Dido despintado. Sabemos qué baldosas pisar cuando llueve y cuáles no, nos volvemos grandes conocedores del micro mundo que transitamos diariamente.
Luego de caminar varios minutos me di cuenta que nunca me había cruzado con la avenida Corrientes. Los negocios era nuevos, distintos, las personas te miraban como sabiendo que no pertenecía al camino, (tal vez era sólo impresión mía). Hay una clave para no demostrar que se es turista, nunca hay que mirar hacia arriba, eso significa que estamos observando y si observamos es porque queremos conocer lo que nunca vimos.
Las calles eran más apagadas, mi paso mucho más veloz y con frecuencia me mojaba con las baldosas flojas. Mi corazón tartamudeaba cada vez más, mi razón se inquietaba y mi sensibilidad sonaba igual a la tónica de lo desconocido. Estaba perdido, desorientado, no sabía para donde estaba la 9 de Julio ni Callao, todo era nuevo. Luego de caminar largas horas me di cuenta que iba a ser difícil retomar el antiguo camino, de hecho, iba a ser imposible volver.
Jamás volví a encontrar la estación Tribunales otra vez.