Este domingo fui a pasear a Unicenter, perdón a caminar por Unicenter, perder tiempo, ¿por qué?, porque estoy al pedo. Mientras estaba esperando en la caja el teléfono sonó.
Ir de shopping es realmente cansador y los primeros síntomas son el dolor de piernas y somnolencia peligrosa, si se sufre algunos de estos síntomas es recomendable acudir a los sillones de los stands de los home theater, hacerse el invalido para que les den esas fantásticas sillas de ruedas a motor o abandonar de inmediato el recinto.
La verdad es que para el hombre ir de compras es cansador. La mujer disfruta mirando cosas que nunca va a comprar, aunque el hombre también disfruta de ver una exposición de autos por ejemplo, pero es distinto porque uno disfruta el diseño, el motor, cómo está construido. La mujer también disfruta el diseño de los vestidos, de lo zapatos de Ricky Sarkany, pero estos se hicieron para lucirlos aunque el auto también, pero se merece otra mirada simplemente porque vivimos en un mundo machista. Podríamos estar horas sin llegar a ningún lado, lo cierto es que las mujeres puede estar contemplando cualquier cosa, un detergente por ejemplo, un desodorante antitranspirante, toallitas con alas, sin alas, con lengua y vaya uno a saber, en cambio el hombre lleva lo que venga y va al shopping a comprar lo que necesita, aunque hoy en día existen muchas clases de hombres.
Luego de hacer una recorrida por Falabella Bazar y de elegir los regalos pertinentes era hora de hacer la cola. Después de algunos minutos finalmente llegamos al frente del trencito. Este lugar es único, cuando mirás hacia atrás y vez a todos los pobres giles que están al final te sentís el más afortunado de la cola y decís "Mirá, pobre estas personas, mirá la cola que tienen que hacer." Es como el embarazo, dicen que las mujeres olvidan el dolor que sufrieron para luego querer tener más hijos. (?)
Esperando a que nos cobren, el teléfono sonó, la cajera atendió y me dio el teléfono a mí ¡Es para usted! Miré extrañado.
¿Qué? ¿Cómo para mí? Sí, señor, para usted. ¿Hola? Sí, que tal señor. ¡¿Qué tal?! Quién habla? Como se puede apreciar usted es una persona jóven (miré a mi alrededor), quiero que me conteste con toda sinceridad. ¿Quién habla? ¿Usted saldría con una mujer gorda? No entiendo por qué la pregunta y no me contestó, ¡¿quién mierda habla?! Es una simple encuesta. ¿Una encuesta, en la caja de Falabella? ¿Qué tiene que ver que sea jóven? ¡Por favor conteste, es un segundo! ¡Y, depende qué tan linda sea!
Corté, agarré las cosas y nos fuimos. ¿Qué te preguntó? Nada, si saldría con una gorda, pregunta más estúpida. ¿Eh, quién te preguntó eso? ¿Qué sé yo? Una gorda supongo. Ay, qué te hacés. ¿Y qué le contestaste? Depende. ¿Depende de qué? De qué tan linda sea, o en realidad de cuán gorda sea. ¡Ay! venías bien, siempre la cagas, una buena y una mala. Y bue, así somos los hombres, eternos albañiles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario